PROVINCIALES
José Piñero
Periodista

OPINION

Peligrosos pañuelos verdes

El Poder Judicial y la Policía de la provincia desplegaron fuerzas y recursos, por la denuncia que se radicó a raíz de una pintada reclamando que los abortos no sigan siendo clandestinos y que no sigan muriendo mujeres por esa situación. Cuando no se escatiman recursos para disciplinar y pretender demostrar quien impone las reglas, la moral y las “buenas costumbres”. La sociedad del “a Dios rogando y la libertad recortando”.

Parece que el tal “Díaz, Andrés Rubén” –según reza el parte de prensa policial- es un pastor evangélico; parece que fue quien radicó la denuncia por “daños” que llevó a movilizar el aparato judicial, la fuerza policial –con autos de civil e identificados- y concretó tres allanamientos, en casas particulares y en un taller de arte con “resultado positivo”.

Parece que habrían secuestrado peligrosos pañuelos verdes, pintura en la casa de un pintor, teléfonos celulares y computadoras; además de notificar “de derechos y garantías” a tres personas que, parece, creen que las mujeres tienen derecho a decidir sobre su cuerpo. Parece que algunos derechos son más derechos que otros, y parece que la derecha sigue pegando bajo, bien bajo.

La movilización de empleados y funcionarios judiciales, policías y servicios de “inteligencia”, que demandó la pintada en la iglesia del buen pastor, seguramente tuvo un costo muy superior al tachito de pintura con el cual se habría tapado la consigna que ofendió al militante del aborto clandestino.

Pero junto con la denuncia del autodenominado “defensor de las dos vidas”, alguien tendría que explicar la celeridad y contundencia para actuar frente al cacareo del pastorcillo; comparados con la lentitud e impericia que tuvo este mismo Poder Judicial y esos mismos uniformados, cuando tuvieron que investigar el caso de jóvenes sospechosamente desaparecidos, como Ezequiel Huirimilla; cuando tuvieron que explicar donde estuvo Oscar Vouilllez antes de aparecer muerto y quien lo mató; o cuando llevamos casi diez años preguntándonos dónde está Sofía.

Claro, es mucho más fácil tratar de meter pánico a jóvenes militantes, invadirles la casa y las familias, dar una muestra de disciplina y alineamiento con las políticas represivas que exhibe la Nación. Es mucho más fácil y coherente con el modelo que mejor les sienta, el de la represión y los derechos recortados.

Pero como dijo el titular de un diario hace muy poco: “nadie puede parar el viento”. Y el viento son esas mujeres, esos jóvenes de tantos sexos y no sexos, esos que nos están enseñando -cada día- que se levantó un viento nuevo y bueno. Un viento verde y de mil colores, un viento que se los llevará puestos y nos mejorará la vida a todos, a todas, a todes.      

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