PROVINCIALES
Fabiana Ríos
Ex Gobernadora de Tierra del Fuego

OPINION

La rebelión del coro

Durante demasiado tiempo nos hallamos insertas en el debate del bien público en nuestro carácter de mujeres. No ha sido nuestra palabra ni nuestro pensamiento parte activa de ese debate sino nuestros cuerpos los que han estado en disputa.

“En la tragedia griega, el centro del escenario lo ocupaban casi siempre los héroes, únicos que se hallaban en contacto directo con los dioses. La vida cotidiana tenía reservado, en cambio, un espacio subalterno y sin rostro: el coro. Lo formaban las mujeres, los niños, los esclavos, los viejos, los mendigos, los inválidos, en una palabra, todos los que se quedaban en la ciudad cuando los demás partían en busca de la aventura, el poder y la gloria […] El símbolo por excelencia de esta rebelión es el movimiento de liberación femenina, justamente porque la mujer ha sido siempre el símbolo por excelencia de la vida cotidiana. En el colmo de la sorpresa, el guerrero o el tribuno de la plebe advierten que les pasan la cuenta por su ropa sucia o por la crianza de sus hijos […] pero la descompaginación del libreto es más general: los jóvenes -sobre todo, los jóvenes- violan el ritual de la discreción y de las buenas formas, se plantan en el medio del escenario y exigen que se los oiga […]”

José Nun, “La rebelión del coro”, de Estudios sobre la racionalidad política y el sentido común, 1989.

 

Unos días antes del inicio del año parlamentario y previo a su discurso de apertura, el presidente de la Nación, Mauricio Macri, sorprendía a la ciudadanía con la habilitación política de la discusión del aborto en el Congreso Nacional.

La despenalización del aborto es un reclamo histórico de los movimientos de mujeres y en nuestro país, desde 2005, la alianza federal integrada por diferentes organizaciones que integran la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, seguro y gratuito presentó siete veces el Proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y nunca, hasta el pasado mes de agosto, había avanzado del tratamiento más allá de las comisiones de asesoramiento temático en la Cámara de Diputados.

Si bien las definiciones políticas respecto del tema, del bloque parlamentario oficialista y del mismo presidente no daban pistas en relación a las razones de tal decisión, el colectivo feminista argentino tomó el guante y sobre el sustrato de una historia de demandas marginales, pero con relatos vitales que explicitaban la profunda hipocresía reinante, fue ganando la agenda pública y el tema desbordó los parlamentos.

En las casas, en las escuelas, en los bares, en los taxis siempre, en los partidos políticos, sindicatos, reuniones de amigos, encuentros familiares, o lugares de trabajo, en las conversaciones cotidianas, el aborto se imponía como tema de discusión.

Los pañuelos verdes, símbolos de la campaña, empezaban a ganar las calles y aparecían como vinchas, muñequeras, en el cuello, las mochilas, las carteras, en el espacio público.

A la creciente “marea verde” se contraponían las “marchas por la vida”, que ahora tomaban la forma de los “pañuelos celestes”.

El dictamen favorable de las comisiones de Diputados fue precedido de un amplísimo debate transmitido en directo y concluyó con la media sanción que trasladaba la propuesta al Senado de la Nación para darle sanción definitiva a la ley.

Cada una de esas discusiones fue seguida atentamente desde las calles tomadas por una multitud de mujeres —mayoritariamente jóvenes— que pintaba de verde el paisaje urbano, en una vigilia conmovedora, durante las interminables horas del debate parlamentario, que pasaba del éxtasis a la agonía entre una y otra fundamentación, a favor o en contra de la propuesta.

Era la hora del Senado. Allí la discusión empezaba a ser diferente.

Desde el bloque del oficialismo se desplegaron estrategias para que la discusión pasara por más comisiones que las reglamentarias, las puertas de los despachos -con honrosas excepciones- se cerraban a los pedidos de audiencia formulados por las organizaciones que integraban la Campaña Nacional. Representantes de las distintas expresiones religiosas, que habían tenido una tibia participación en el debate de Diputados, se movilizaban y convocaban -en cada espacio que les fuera posible­ en contra de la sanción de la ley.

Empezaban a multiplicarse los pañuelos celestes que portaban hombres y mujeres acompañados de pastores, sacerdotes y gobernantes. Y la “marea verde” seguía creciendo.

Durante el tratamiento en el Senado de la Nación,  hubo que exigir la transmisión en directo de los debates de comisiones, se impusieron importantes restricciones al ingreso y permanencia en el palacio legislativo de quienes se manifestaban a favor de la sanción de la ley   y las preguntas formuladas por algunxs senadorxs  durante las exposiciones de lxs invitadxs parecían no tener que ver con aclarar dudas  o revisar conceptos, sino con ratificar sus propios prejuicios en relación a la promiscuidad de las solicitantes o el financiamiento espurio  para sostener la Campaña Nacional.

Finalmente, en la madrugada del 9 de agosto, el Senado mayoritariamente rechazó la propuesta de Diputados clausurando durante este año el debate parlamentario del tema.

Pero lo importante, lo sustancial ya había sucedido.

Todxs hoy sabemos que:

Los abortos suceden. En todos los sectores sociales, cuando todo falló, cuando no se pudo prevenir, se realizan.

Los abortos no punibles son LEGALES en nuestro país desde hace casi 100 años, cuando las mujeres éramos consideradas incapaces para la legislación civil.

Desde hace seis años las Provincias y el Parlamento Nacional DEBERÍAN haber dictado protocolos de actuación que no obstaculicen el ejercicio de ese derecho, circunscripto a determinados casos (violación, riesgo para la salud de la madre o inviabilidad fetal) SIN PLAZOS.

No lo han hecho, por el contrario, existen protocolos que en su letra objetan la posibilidad de realización de estas prácticas sanitarias.

A cada ley que se sancionó y que se vinculaba con la garantía del ejercicio de derechos sexuales y reproductivos se le interpusieron recursos para obstaculizar su efectiva aplicación.

Hay recursos farmacológicos, incluidos en la lista de medicamentos esenciales de la OMS a bajo costo, eficaces y seguros que pueden utilizarse en las primeras 12 semanas de embarazo. (misoprostol y mifepristona).

Solo el misoprostol se comercializa en Argentina en condición de monopolio y el valor del producto aumentó de una manera inexplicable en dólares en los últimos dos años.

Hay solicitudes de laboratorios de producción pública para producir Misoprostol al 10% del actual valor de mercado.

Los abortos son descriptos en los relatos históricos en diferentes sociedades en tiempos remotos.

Los abortos son una decisión.

Las condiciones de posibilidad las da el recurso económico, es decir que las mujeres y personas gestantes más pobres pagan con su vida o su riesgo de vida el ejercicio de su voluntad.

La diferencia es cómo, dónde y con qué recursos se realizan: en condiciones de salud y seguridad o como se puede, lidiando con la falta de dinero y con la culpa.

Hay tres formas posibles de filiación consideradas en el Código Civil: por gestación, por adopción o por Técnicas de Reproducción Humana Asistida (TRHA).

Tanto en la adopción como en la realización de TRHA la “voluntad parental” o “voluntad procreacional” son elementos fundamentales para construir familias.

En el caso de la adopción está claro que esa voluntad queda expresada con posterioridad al nacimiento.

En las TRHA la voluntad se expresa en todas las etapas del proceso hasta la implantación del embrión en el seno de la persona gestante.

Sólo en las filiaciones biológicas la voluntad de la persona gestante parece carecer por completo de relevancia para el parlamento. Aun cuando esa voluntad exprese imposibilidad vital de sostener el embarazo.

Durante las últimas semanas los sectores que se opusieron a la ley de IVE se han manifestado en contra de la ley de Educación Sexual Integral (ESI).

Las acciones desplegadas dan cuenta de que por lo menos una parte de los argumentos esgrimidos respecto de la necesidad de “prevenir” los embarazos se ha derrumbado escandalosamente.

La imposibilidad de ejercicio de la autonomía que pretenden imponer algunas instituciones ha sido desenmascarada.

Durante demasiado tiempo nos hallamos insertas en el debate del bien público en nuestro carácter de mujeres. No ha sido nuestra palabra ni nuestro pensamiento parte activa de ese debate sino nuestros cuerpos los que han estado en disputa.

La negación de derechos y el condicionamiento pretendido, a pesar de las leyes y a través de ellas, ya no forma parte de una discusión circunscripta a ámbitos formales.

Ganó la calle, coreó derechos, se abrazó llorando de felicidad y frustración y seguirá expandiéndose en cauces inimaginables hasta que sea ley: un derecho; no una obligación.

El deseo de maternar es causa de relación filial.

Al decir de Nun, la rebelión del coro ha sucedido. Durante demasiado tiempo las mujeres hemos sido consideradas un poco niñas, un poco mendigas, un poco inválidas, ya sabemos que no lo somos.

Somos conscientes de nuestra propia potencia y posibilidad. Somos caudal y somos coro. Enciendan las luces. Hemos tomado el escenario.

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