PROVINCIALES
Pablo Blanco
Legislador de Tierra del Fuego

OPINION

Celebremos la dicha de vivir en democracia

El 30 de octubre los argentinos festejamos 34 años de una elección que cambió para siempre nuestra historia y nuestro futuro.

Antes de esas elecciones pocos creían en la posibilidad de triunfo de la Unión Cívica Radical y en los valores que, en aquel entonces, representaba. Creíamos que éramos menos los que estábamos convencidos de que el país tenía que dejar definitivamente atrás la confrontación, la violencia y el desapego a las instituciones.

Creíamos que éramos menos los que estábamos decididos a terminar con la impunidad de los genocidas, a descorrer el velo de lo que nos había pasado y a juzgar a las Juntas Militares. Y cuando llegó aquel 30 de octubre nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado. Nos dimos cuenta de que éramos más y de que algo había cambiado definitivamente en la cultura política nacional.

Ese día terminamos un ciclo de interrupciones dictatoriales que se había iniciado en 1930 impidiéndole al país contar con la estabilidad suficiente y las libertades necesarias como para desarrollarse de manera efectiva, despegar económicamente y garantizar la ampliación universal de derechos.

A 34 años de aquella gesta creo que tenemos motivos sobrados para festejar. Por supuesto que aún faltan muchas cosas por hacer y que el país que tenemos no nos conforma. Pero la democracia es así, es dinámica y no es lineal. Tiene marchas y contra marchas y su avance es lento pero seguro.

El domingo 22 se celebraron elecciones en todo el país. El veredicto de las urnas le dio un gran respaldo a nivel nacional al proyecto de Cambiemos. Cambiemos tiene la responsabilidad de conducir los destinos del país y vamos a hacerlo con compromiso y responsabilidad.

El respaldo obtenido por el Presidente de la Nación en estas elecciones intermedias es innegable. Se vienen momentos difíciles en los que habrá que corregir buena parte del descalabro heredado. Nuestro pueblo ha madurado y extendido un voto de confianza para que el gobierno haga lo que tiene que hacer: reordenar la economía, racionalizar el gasto estatal, llevar la obra pública a todos los rincones del país, mantener la asistencia social, recomponer y ampliar nuestro modelo energético, impulsar una reforma política que termine con las listas sábanas, potenciar la presencia nacional en el exterior, abrir al país al mundo y al turismo, nivelar por lo alto en materia educativa y asegurar que contemos con una justicia absolutamente independiente que lleve a la cárcel a todos los que negociaron desde el estado a espaldas de la gente.

Lo que ocurrió aquel 30 de octubre de 1983 es el símbolo de una Argentina superadora. Fue la expresión de una voluntad de unión nacional con justicia y sin rencores.

El pasado 22 se le dijo adiós al facilismo, al populismo, a la irresponsabilidad fiscal y a la falsedad de los datos oficiales de inflación y empleo. Este es, aunque duela, el Gobierno de la verdad. Y sólo con la verdad puede edificarse un futuro cierto.

Hace 34 años, Raúl Alfonsín tuvo que enfrentar poderes reales que habían minado y esquilmado al Estado. La deuda externa era impresionante, las reservas en el Banco Central eran mínimas, la dictadura militar nos había aislado del mundo y, para colmo, los militares conservaban un poder de daño inmenso.

Hoy los desafíos son otros: terminar con las mafias enquistadas en distintos sectores del Estado y del sector privado, acabar con el narcotráfico, interconectar al país, rescatar y ampliar los trenes, conseguir inversiones que generen trabajo genuino, implantar parque eólicos que nos den energía ilimitada y sustentable; construir cientos de miles de viviendas, llevar agua corriente y cloacas allí donde no las hubo nunca; endeudarnos para el desarrollo y nunca para la especulación financiera o cubrir irresponsablemente el déficit fiscal.

Como vemos, la Argentina y su democracia siguen su camino inseparables. Aquel 30 de octubre de 1983 los argentinos le dijimos definitivamente sí a la vida y sí a la paz. Don Raúl fue el artífice de una obra que protagonizaron todos los argentinos sin excepción. Una obra que ese día llegó para quedarse, para crecer y florecer sin retrocesos. Una construcción colectiva que, entre todos, tenemos que cuidar y sostener.

Lo que ocurrió aquel 30 de octubre de 1983 es el símbolo de una Argentina superadora. Fue la expresión de una voluntad de unión nacional con justicia y sin rencores. Fue el rescate del pluralismo y el deseo de la alternancia. Fue el poner en claro que un país no se puede construir con medio país y que los enfrentamientos son estériles y sólo conducen al atraso.

El resultado de las recientes elecciones del domingo 22 vuelve a mostrar la madurez del pueblo argentino, su aversión a la unanimidad y la vigencia de los valores republicanos que Raúl Alfonsín simbolizó en 1983.

A 34 años de aquella magnífica jornada que nos devolvió el protagonismo, celebremos la dicha de vivir en democracia, único medio de garantizar el progreso por medio del diálogo, la cooperación y la alternancia en el poder.



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Tita al momento de la firma del documento. Lo flanquea Gorbacz.

MESA DE DIALOGO

. El secretario Coordinador de Gabinete del Municipio de Río Grande, en representación del intendente Gustavo Melella, pidió que “se convoque a una mesa de trabajo y que sea una instancia para que llevemos soluciones desde acá”. “Porque el 70 % de la industria está en Río Grande, nos deberíamos haber sentado mucho antes”, aseguró Tita.